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08/27/2009

Arteamericas on Miami Beach Convention Center


The seventh Arteaméricas Art Fair, which took place at the Miami Beach Convention Center March 27-30, 2009, demonstrated the power of visual expression to build bridges across a linguistic divide.  Read More


08/05/2009

Leo de Lazaro

Leo D´Lázaro: Mutaciones de la emoción y otras excavaciones
 
(Por Jorge Rivas Rodríguez, especial para Torna & Prado Fine Arte Collection)
Ante las disímiles situaciones que enfrentamos en la vida, sentimos diferentes emociones. ¿Pero, qué son las emociones? En síntesis, son estados o expresiones humanas aún poco estudiadas, entre otras razones, porque el hombre siempre le ha dado más importancia a su lado más racional. Según algunos psicoanalistas, se trata de un momento que experimentamos, una reacción subjetiva ante determinadas situaciones que generalmente viene acompañada de cambios orgánicos (fisiológicos y endocrinos) de origen innato. De acuerdo con esa definición, las emociones tienen una función adaptativa de nuestro organismo a lo que nos rodea. Es un período que sobreviene repentinamente, en forma de crisis o euforia más o menos violentas y pasajeras.
Entre los humanos, las emociones —alegría, tristeza, fortaleza, felicidad, desgracia…— suelen conjugar un conjunto de experiencias, actitudes, conocimientos y creencias —religiosas o no— sobre el mundo, las cuales nos permiten valorar una circunstancia determinada y asimismo influir en la manera en que percibimos esa situación.
Del análisis de tan compleja expresión humana se trata, precisamente, la más reciente muestra de pinturas, esculturas, esculto-pinturas e instalaciones que ahora exhibe en la Galería Carmen Montilla el reconocido creador de la plástica Leo D´Lázaro (La Habana, 1965), quien sin alejarse de los razonamientos conceptualistas, recreados con sentido lúdico e intensamente reflexivo que caracterizan su precedente etapa creativa, se introduce ahora en otros laberintos más complicados de la conciencia al pretender llevar a sus obras los estados internos de la sociedad, sus motivaciones, deseos, necesidades… aspiraciones, lo cual, de alguna manera, permitirá intuir la conducta futura de los individuos que la integran.
Este estudio, que irradia desde la génesis del concepto general manifiesto en Arqueología del presente (Restauración de identidades, Memoria interna, esta última exhibida durante la última Bienal de La Habana, entre otras series en las que profundiza en sus “excavaciones” relacionadas con este tema), constituye una fase superior en su complicada estructuración iconográfica, ahora interesada más hondamente en la ciencia de la arqueología pero echando anclas sobre los variopintos conceptos de la emoción y su real expresión entre los grupos generacionales y sociales que integran el medio en que vive el artista, desde una altura en la que igualmente cuestiona el futuro de la ciudad y sus habitantes mediante conjeturas fundadas en el presente.
“Se trata —dijo el artífice a Torna & Prado Fine Arte Collection — de cómo influyen las diferentes dinámicas que evidente o subjetivamente inciden en el flujo y accionar de esta ciudad, provocando un juego de relaciones donde participan disimiles elementos anímicos, culturales, espirituales, atmosféricos… que configuran este sugerente abanico”.
La emoción, por tanto, se trasmuta en un personaje extraño, en ocasiones abstracto, etéreo, que da vida y recorre las narraciones pictóricas, iniciando una ¿infinita? expedición sobre una suerte de mapa conformado por la imaginación del artista. Signos, códigos, referentes y emblemas aluden a nuestros cotidianos conflictos, sensaciones, huellas y sentimientos. “Es un ser citadino que dialoga, vuela, siente y se estrella contra el mediodía de sentimientos encontrados, de stres, de calor de misticismo y euforia, a veces asediado y aturdido por la excesiva comunicación, la aglomeración y los sonidos de una urbe cambiante, que se funde, como torbellino, en una extraña lírica con el deslumbramiento de la restauración y su crecimiento cultural y los latidos de sus calles más sencillas”, dijo Leo D´Lázaro.
Existen infinidad de maneras encontradas por el hombre para expresar sus emociones, algunas de ellas tan complejas que van más allá de los gestos, las actitudes y las palabras. De hecho, podemos utilizar todas las palabras del diccionario para expresar emociones distintas. Y este creador ha hallado su manera particular, a través del arte, de interpretar y expresar no solamente las suyas sino asimismo las de sus semejantes. Sus obras escavan, como él mismo ha dicho, “bajo la piel de esas emociones mutantes que guardan la respiración de esta ciudad”.
Según los expertos, es posible determinar la inteligencia emocional de la misma manera que se reconoce el cociente intelectual. Para ello basta con conectar las emociones con uno mismo; saber qué es lo que siento, poder verme y ver a los demás de forma positiva y objetiva. La inteligencia emocional, se ha dicho, es la capacidad de interactuar con el mundo de forma receptiva y adecuada. Esa es precisamente la lógica de esta serie de obras que hoy podemos disfrutar bajo el sugerente título de Mutaciones de la emoción y otras excavaciones, una exposición que propiciará la meditación en torno a nosotros mismos, a nuestro medio y a nuestro futuro.


 

 

 


08/03/2009

Jose Luis Cueva




José Luis Cuevas:    “El arte me permite sentirme vivo”
“Mi trabajo es producto de una extraordinaria imaginación que siempre desemboca en variados seres que guardan en su interior muchas emociones personales. El propósito es que estas sensaciones lleguen al público, se las adueñen y las hagan propias al momento de observar mi arte”.
Así expresó este fin de semana, al suplemento KIOSKO, del periódico El Universal, de México, el reconocido creador de la plástica José Luis Cuevas, quien acaba de inaugurar, en su museo homónimo, la exposición titulada Mi amada esposa Beatriz del Carmen, en ocasión del aniversario XVII de la fundación de esa institución.
Cuevas, con más de medio siglo de trayectoria en las artes plásticas, según Vanessa Pérez, de El Universal, continúa imprimiéndole a sus obras una visión subversiva y no quiere oír hablar de los muralistas. No por nada se ganó el sobrenombre del niño terrible, ya que es la figura más extrovertida y notoria de la generación de artistas de la ruptura, que iban en contra del muralismo nacionalista para presentar nuevos lenguajes estéticos, activos desde entonces.
Cuevas es expresionista por influencia del muralista José Clemente Orozco, lo mismo que por su brutal gestualidad, que remite a las esculturas prehispánicas, principalmente a las mexicas.
Mediante sus obras desnuda las almas de sus peculiares personajes, retratando el esplendor de la degradación humana en el mundo de la prostitución y el despotismo.
Se dio a conocer internacionalmente desde muy joven, iniciando con ello una amplia trayectoria que comprende hasta el momento cientos de exposiciones colectivas e individuales que han recorrido con éxito las principales ciudades del mundo.
El maestro mexicano ha sido merecedor de varios reconocimientos, entre ellos el Premio Nacional de Ciencias y Artes de México (1981); el primer Premio Internacional de Dibujo en la V Bienal de San Paulo (1959); el Premio Tomás Francisco Prieto (1997), entregado de las manos de la reina Sofía de España y el recibimiento de la Orden de Caballero de las Artes y las Letras de la República Francesa (1991), entre otros.  Además, fue nombrado por el gobierno del Distrito Federal, Artista de la Ciudad en 1992, por lo que se realizaron varios eventos en torno a su figura.
“El arte es lo que yo hago, lo que me da libertad y lo que me permite sentirme vivo. Es más que mi trabajo, es el mundo que habito y el que no quiero abandonar jamás”, dijo en la mencionada entrevista para KIOSKO.
 
 
         
 


07/08/2009

Moises Finale

Moisés Finalé: Límites atípicos


“Cuando me acerco a los cuadros recientes de Moisés Finalé, crecidos, desbordados en detalles, mi mirada cede a la tentación de recorrerlos con la parsimonia que atribuyo a su germinación. El recorrido ocurre en silencio, pero desde las telas saltan sonidos, rumores, una turbamulta. Tal es su vivacidad, la impositiva existencia de sus “personajes” y símbolos”.
Impresionado ante una obra gestual y aguda, que se adentra en la psiquis del espectador al punto de seducirla, las anteriores palabras fueron expresadas por el narrador y ensayista cubano Reinaldo González (Premio Nacional de Literatura), en torno a la obra del prestigioso creador cubano radicado en Francia Moisés Finalé, la cual es promovida por la galería Torna & Prado Fine Arte Collection, de Miami, que dirige el prestigioso coleccionista Jesús Fernández-Torna.
Resulta difícil etiquetar el conjunto de la obra de Finalé y mucho menos ubicarla dentro de una definitiva dimensión artística o conceptual. Su antológica muestra en el Museo de Bellas Artes de La Habana (Herido de sombras, 2003), constituyó un sorprendente retorno al ámbito de la plástica nacional luego de trascurridos más de 15 años desde su última exposición en el Castillo de la Real Fuerza, en 1987.
Desde las últimas décadas del siglo pasado el arte mundial se encuentra en constante transformación. Finalé no ha permanecido pasible a esos acontecimientos regidos a su vez por radicales renovaciones en los criterios artísticos en los que “todo vale” con tal de impactar al público. Ya en su siguiente exposición en La Habana, junto a su exesposa Maylis Bourdet en el Museo del Ron (Doble realidad, 2004), se evidenciaban ciertas reformulaciones en su producción pictórica, en las que había un mayor afán por lo narrativo mediante una fuerte figuración y una compleja sicología del color, pinturas híbridas y mestizas que ofrecían su piel en un universo vanguardista de apropiaciones de lo popular.  
Ahora Finalé ha encontrado otros “límites” dentro de su pintura. Sin abandonar su interés por la libre experimentación antropológica, en Simulacros atípicos (2006) sus discursos son más simples y directos. Con tenue soslayo del convencionalismo y del riguroso acabado pictórico, se interesa más por modernizar su obra e insertarla dentro de los circuitos del arte contemporáneo, sin prejuicios condicionados por los requerimientos coleccionistas. “Al no tener compromisos con las galerías —dijo— soy mas libre, lo cual me permite navegar, soñar… Así voy descubriendo cosas; y las gentes están ya adaptadas a sorprenderse con nuevas propuestas artísticas”.
Sin embargo, las creaciones de Finalé mantienen esa simbología peculiar que las identifica dentro de un arte con gran carga energética, trasmisor de la agitación convulsiva del mundo contemporáneo y su ambigüedad visual. Las transformaciones que nos sorprenden en sus trabajos forman parte de esa fascinación que él siente por el arte. “No puedo repetirme con la misma imagen y ando en constante búsqueda de técnicas estilísticas y de materiales”, subrayó.
Al término de un tortuoso camino hacia la plena madurez artística, en el que se fusionan la especulación intelectual con la reflexión poética, Finalé experimentó un extraño acercamiento a los “límites superiores” de su pintura, proceso mediante el cual emerge desde su conciencia un universo caótico que arrasa formas y valores precedentes al punto de considerar invalidadas algunas de sus anteriores creaciones. “Este tipo de planteamiento —expresó— me lo estoy haciendo con mi obra de los últimos años, de la cual estoy recuperando la parte que me gusta para realizar nuevas propuestas. Son relaciones “atípicas”. Trabajos que fueron hechos con otros contenidos, ahora son rehechos para dar otra imagen”.
Esa ruptura con su propio yo expresivo, transcripta en cambios profundos en su realización como pintor “toma cuerpo” también en la forma de utilizar los colores, a los cuales adjudica menos interés, para concentrarse más en la recuperación de elementos a los que pueda atribuirles sentido artístico. “No me interesa la buena pintura, sino unir cosas para darles una dimensión coherente y atípica”, dijo.
Al arribar a esos “límites” de su creación (“al punto que llegué a pensar en destruir buena parte de mi anterior obra”), uno de los más significativos cambios experimentados en su producción se observa en la “recuperación” e incorporación de elementos en sus pictografías. Las adherencias de formas metálicas visualmente separadas del lienzo, método estilístico que comenzó a utilizar alrededor de 1995, dieron paso a las incrustaciones (cosidas) de fragmentos artísticos realizados sobre tela o papel (Doble realidad), técnica que en Simulacros… propicia la integración al cuadro, como un sólido conjunto, de esos parches que adquieren volumen para atribuirle un carácter tridimensional y atípico.
En Torna & Prado Fine Arte Collection el espectador puede disfrutar de ese juego de atmósferas que acentúan la extraordinaria capacidad de este creador para interpretar cualquier tema.Creador obsesivo que, recurrentemente y sin temor, experimenta cosas diferentes dentro de su producción plástica. Irremediable vocación que hace posible que, ante cualquier obra suya, siempre pueda hablarse de genuino y buen arte. 


07/08/2009

Agustín Fernández



Agustín Fernández: Un gran pintor



Prácticamente desconocido en su Isla natal, Agustín Fernández —fallecido el 1 de junio del 2006 en Nueva York, a los 78 años de edad—, está c
alificado  como uno   de   los   pintores surrealistas latinoamericanos más emblemáticos del Siglo XX. Su obra, igualmente ignorada por la crítica y la cultura oficial cubanas, se encuentra entre las más preciadas dentro del programa promocional de Torna & Prado Fine Arte Collection, prestigiosa institución presidida por el Sr. Jesús Fernández-Torna  en el Sur de la Florida.
Entre las obras que atesora esta galería se encuentra la de Agustín Fernández, quien formó parte del movimiento denominado segunda generación pictórica moderna de Cuba —en la década de los 40 del pasado siglo— que marcó la historia del arte insular con figuras como Cundo Bermúdez, Roberto García York y Guido Llinás,  posteriormente radicados en el exilio tras la llegada al poder de la revolución cubana en 1959.
Este pintor audaz, sincero y profundamente espiritual, quien al término de su fecunda existencia logró realizar los más anhelados proyectos iconográficos por él propuestos desde que tenía unos 12 años cuando comenzó a incursionar en el arte, nació el 16 de abril de 1928 en La Habana. Según relató el propio artífice, durante su niñez solía ir a la casa de su abuela, con la que pasaba mucho tiempo y donde comenzó a sentir cierta inclinación por el dibujo y la pintura. Ya introducido en el complejo universo del arte habanero de los años 40, siendo un joven con infinidad de inquietudes estéticas, pasó desde la pintura abstracto figurativa hasta la realización de naturalezas muertas.
A la edad de 15 años matriculó en la Academia de Artes de San Alejandro, donde —a pesar del olvido— su nombre quedó inscripto a la historia de ese centro. “Allí me llegaron las severidades de la disciplina académica: el dibujo, la estatuaria, la perspectiva, en fin toda la firmeza que tenía esa escuela, de tanto prestigio. Rigor que, por otra parte, no me molestaba, me ha servido de mucho durante toda mi vida. Nunca fui un alumno destacado, en gran medida porque aceptaba todo lo que me enseñaban, y me gustaba, pero fuera, yo hacía otro tipo de cosas. Entonces, como ahora, me fascinaba todo lo que tuviera que ver con la pintura”, precisó Agustín Fernández.
Tras su partida de la Isla se radicó en París y posteriormente se estableció en Puerto Rico, en 1962, para posteriormente instalarse definitivamente, el resto de su vida, en Nueva York.
La pintura de Fernández, adquirida por prestigiosos coleccionistas de todo el mundo y expuesta en tan célebres lugares como el Museo de Arte Moderno (MOMA) de Nueva York, y la Tate Gallery, de Londres, posee dos etapas esencialmente expresivas. La primera de ellas muy viva, alegre, colorida, la cual ganó interés entre compradores y galeristas; y la segunda, denominada por algunos de sus estudiosos como “pintura del antojo”, más bien se inserta dentro de los cánones del misticismo, el sufrimiento y la nostalgia, sentimientos que expresaba a través de sus cuadros más que mediante su comportamiento personal.
 “En París —dijo el maestro—, empecé a hacer un arte más concreto, condensado. Más tarde, introduzco en mis cuadros los colores beige o sobrios, blanco y negro con tonos tierra. Sentía mucho la influencia de reconocidos artistas como Enrique Señal y Roberto Matta, quienes estaban alentados por un surrealismo independiente”. Al llegar a Francia, recuerda que le sugirieron que limitara el color, lo cual le pareció interesante.  “Sin embargo, dijo, en mis composiciones de los años 55 y 56 aparece más limitado el color y un mejor uso de la estructura morfológica, algo que muchos críticos no han comprendido o no han logrado interiorizar”.
El crítico de arte Manuel Fernández Figueroa, en una hipotética entrevista con el artífice, asegura que su primera exposición personal se produjo en La Habana, en 1951. Fue “justo tras mi graduación, pero hay que recordar que en esos momentos, la pintura cubana se volcó al abstraccionismo, influyendo los artistas que formaron el grupo Los Once y yo preferí recorrer otros caminos, no los del nacionalismo vanguardista anterior, pero tampoco el reflejar la realidad haciendo abstracción de la misma. Por esos tiempos estuve en Nueva York y entré en contacto con la action painting que tan en boga andaba para esos tiempos, ya aquí si esto se ve reflejado en mis "still-life" (naturalezas muertas), en ellas abundaba el color y tendían al abstracto, aunque aún aparecían elementos reconocibles”.
A mediados de los cincuenta, la pintura de Agustín Fernández “sufre una transformación radical”, según el mencionado crítico cubano. En tal sentido, el pintor expresó que en esa época “desaparecen las alusiones al realismo para ir en la búsqueda de ese mundo interior tan rico que todos poseemos, sin abandonar el uso del color, van apareciendo nuevas formas que no requieren de tanto colorido”.
Muchos especialistas y críticos opinan que, aunque en ocasiones de una manera muy sutil, en la obra de Agustín Fernández se evidencia interés por lo erótico, sobre lo cual el gran pintor expresó:  ”Creo que el erotismo no solo está presente en la pintura cubana, sino en la pintura de todas parte y tiempos y, si, parece que si, todo el mundo piensa que mi pintura es erótica y yo también. Hay elementos que se reconocen como participes en la forma, partes de la anatomía que pueden referirse al erotismo o pueden estar en función de lo erótico. Un pene, una forma fálica, por ejemplo, no es erótico, a mi entender, hasta que no está en función del erotismo. Lo mismo pasa con la forma está ahí como una referencia”, tal asegura en la supuesta entrevista con el especialista Fernández Figueroa.
Agustín Fernández siempre demostró una particular devoción hacia cuba y lo cubano. De hecho, muchos críticos opinan que su obra puede dividirse en dos etapas existenciales: antes y después del exilio. Sin embargo, el propio artista aseguró que su obra siempre ha sido cubana, “quizás después de mi partida de la isla se hizo más metafísica (…) No sé hasta qué punto el exilio ha influido en mi trabajo, pero sí ha influido mucho en mí. No se trata de haber salido de Cuba, sino de no poder regresar nunca más”.
 
Ese sentido auténticamente cubano puede igualmente apreciarse en muchos de sus trabajos, entre ellos el portafolio de litografías que realizó con 18 de los mejores poemas de amor de José Martí, el cual se exhibió poco después de su muerte bajo el título de Agustín Fernández: Translating Martí (Traduciendo a Martí) en la Biblioteca West Dade Regional, en Coral Way. Los poemas incluidos en la “intrigante carpeta”, como así fue calificada por algunos críticos, fueron traducidos del español al inglés por hijos de padres cubanos de entre 8 y 16 años, nacidos en París, La Habana y Miami, como un homenaje del exilio al gran pintor.
Tras su muerte, su amigo de toda la vida, el también maestro Cundo Benítez —poco después fallecido también— dijo: “Agustín tenía   un   dominio del oficio muy grande, y una gran personalidad. Era, es, un pintor muy controversial. Por su nacimiento no cuaja ni en la primera etapa ni en la última de los muchachos del   cuarenta, como Guido Llinás, Antonia Eiriz y Hugo Consuegra. Tuvo una vida emotiva, y merece que se le recuerde como un gran pintor".


03/27/2009

ArteAméricas '09


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03/27/2009

Arteamericas on Miami Beach Convention Center
 


 

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